Guacherna 2006

Muchos de los danzantes se vieron en apuros en el sector de la calle 65 porque el público invadió la vía.

El desfile de este año ha debido llamarse ‘Monoguacherna’ por la cantidad de monocucos que participaron, dijo el director de una de las comparsas. El clamor general es que La Guacherna debe cambiarse de lugar para que no haya tanto desorden.

Por ZORAIDA NORIEGA C.
Cortesía El Heraldo

Para muchos, el desfile de La Guacherna fue bueno, para algunos regular y para otros, malo.
Con el propósito de ayudar a mejorar ese grandioso evento nocturno para que no pierda su esencia, esa misma que lograron revivir en 1974 Alicia de Andreis —siendo su hija Vicky Reina del Carnaval— y la compositora Esther Forero haciendo que la junta organizadora de las fiestas incorporara este evento en la programación oficial dándole un sentido más espectacular, escuchamos algunas opiniones tanto de espectadores, directores de grupos, como de danzantes.

El clamor general del pueblo fue que ya la carrera 44 no es el espacio adecuado para realizar un desfile de tal magnitud. Primero, por el caos vehicular que provoca el cierre de vías alternas en un día laboral como es el viernes; y segundo, porque es tal la cantidad de espectadores que las aceras no dan a basto.

Buena parte del público coincidió en opinar que los grupos folclóricos participantes deben ser cuidadosamente seleccionados para que haya variedad y no resulte tan monótono el desfile como ocurrió esa noche en la que se les dio prioridad a muchas comparsas de capuchones; y que los baches entre un grupo y otro deben evitarse para que la gente no se desespere y se lance a la calle obstruyéndola.

María Cecilia Donado, directora del Carnaval, es consciente de que el desfile de La Guacherna hay que replantearlo. “Al día siguiente nos pusimos en esa tarea. Definitivamente tenemos que ser más exigentes en la ubicación de los grupos, tener más control. Y estamos de acuerdo que este evento no debe realizarse más en la 44, lo hemos seguido haciendo allí para complacer a Esthercita”.

Yadira Biava, integrante del Ciclón del Norte, cumbiamba que le correspondía el puesto 32 según el orden entregado por Fundación Carnaval de Barranquilla, comentó que “al comienzo fue terrible, nos demoramos para ingresar recibiendo empujones y hasta agua. La gente no respetó a quienes ofrecemos el espectáculo lanzándonos también espuma. Una vez adentro pudimos bailar y llegamos casi a las 12 de la noche al Barrio Abajo habiendo arrancado a las 9. Nos dolió mucho el hecho de que pusieran a todos los monocucos de primero y muy seguido, y eso aburrió a la gente”.

Para Carlos Sojo, director de la comparsa De Cuanta Vaina, que presenta variedad de disfraces, el desfile del viernes ha debido llamarse ‘Monoguacherna’ por la cantidad de monocucos que se tomaron en su totalidad la primera parte. “Pienso que han debido intercalar a los grupos. Nos dimos cuenta que eso hastió a la gente. Nosotros tuvimos que salirnos del desfile, porque cuando nos tocó el turno a las 10:30 de la noche, ocupando el puesto 129, ya no había casi público”.

“Definitivamente a La Guacherna hay que cambiarla de sitio. Yo me arriesgaría, así caigan rayos y centellas, hacerla un sábado por la noche y no viernes porque la mayoría de los danzantes trabajan y no disponen del tiempo suficiente para llegar puntuales al sitio de partida”, explicó.

“Este año hubo exceso de monocucos. Muchas empresas contribuyeron a esto y por eso tuvieron un puesto privilegiado para hacer desorden. Claro, aceptemos que el monocuco es goce y desorden, pero si no le ponemos coto a esta situación se nos vuelve anarquía”, apuntó Sojo, quien anunció que a raíz de lo que le ocurrió a su comparsa este año tomó la decisión de no volver a participar en La Guacherna, como ya también lo hicieron la escuela de danzas de Marlio Cortés y Timbalaye, por mencionar algunas.

Lucho Madariaga, subdirector de la Cumbiamba del Carajo, comentó que “a pesar de habernos adjudicado el puesto 41, salimos tardísimo. Vimos mucho desorden y bastante agua durante todo el recorrido. Pudimos bailar y llegamos a la medianoche a la Casa del Carnaval, yo me imagino los que venían detrás de nosotros a la hora que llegarían. Lo que no nos gustó fue la proliferación de monocucos”.

Por su parte, édgar Blanco, director de la Asociación de Grupos Folclóricos del Atlántico, sugirió que La Guacherna se vería más lucida si se realizara a lo largo de la Calle Murillo. “De esa manera los participantes y el público tendrían más espacio. Lo que hay es que organizar mejor ese desfile. Hubo baches muy largos y eso es lo que genera desorden”.

Las voces de descontento llegaron también a este diario. Un lector llamó diciendo que salió “decepcionado”. “No entiendo como algunos privilegiados de Barranquilla con capuchones los pongan de primero en un desfile para que vayan haciendo relajo y dejen atrás a grupos humildes que con esfuerzo hacen sus disfraces y se esmeran por ofrecer algo vistoso”.

Laurian Puerta, personero distrital, presentó igualmente su protesta aduciendo que “si la Unesco dio unas directrices para evitar la excesiva comercialización en los desfiles del Carnaval para evitar asfixiar la esencia de la fiesta, como es el folclor, en La Guacherna quedó demostrado que se le da prioridad a las empresas patrocinadoras. Éstas se ahorran grandes sumas de dinero en programas que deben implementar con sus trabajadores, como en recreación, esparcimiento y salud ocupacional. Lo que vimos en el desfile es todo lo contrario lo que plantea la Unesco. Quedó demostrado que el facilismo imperó”.

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